jueves, 8 de enero de 2015

Primera Pascua Militar de Felipe VI y repetido discurso a los militares con las conocidas confusiones constitucionales


En una conferencia pronunciada en Vigo, el general Félix Sanz Roldán, ahora jefe del CNI, y entonces presidente de Junta de Jefes de Estado Mayor, reconoció que los famosos “Pactos con los Estados Unidos” fueron una cesión de soberanía. En la soberanía nacional pensaba yo, a propósito de la decisión norteamericana de incrementar su despliegue en suelo español, cuando escuchaba el discurso de la Pascua Militar de Felipe VI, tratando de hallar alguna idea nueva que no fueran los manidos tópicos de siempre y, sobre todo, la reiteración en equívoco, tan peligroso para la mentalidad de los militares de que el mando que ejerce el Rey sobre los ejércitos es meramente simbólico, ya que tal mando efectivo corresponde al poder civil; es decir, al Gobierno. O sea, que seguimos alimentando la misma confusión constitucional.

El joven monarca sigue alimentando confusiones, Gusta en decir como su padre, que tiene una especial relación con los militares, distinta de la que puede mantener, por ejemplo, con los empleados de correos o los profesores; porque “él es uno de ellos”. Los militares son una institución del estado, formada por ciudadanos comunes, tan honorables como los electricistas o los fontaneros, con una misión concreta: mantener una fuerza en presencia para la defensa nacional, en la que, a la hora de la verdad, nos integramos todos los ciudadanos. Y no son ni pueden ser otra cosa, contra lo que el manido discurso de los Borbones insiste en hacer creer.

 Bases americanas al fondo
 
Pero no se puede obviar que sobre este seis de enero planea nuestras especiales relaciones defensivas con los Estados Unidos, de tan mala experiencia, si nos atenemos a los hechos a los que ahora me referiré, y dejando al margen el episodio de Palomares, en que estuvimos a punto de sufrir un desastre nuclear, cuando tras el choque de dos aviones, perdieron varias bombas atómicas, cuyo rescate fue digno de un filme de Berlanga.

Hace tiempo que Kissinger, secretario de Estado norteamericano, dejó claro que toda la política exterior de su país no tenía otro objeto que su nación fuera la más poderosa de la tierra, con las líneas o acciones que le conviniera en cada caso. Más claro, imposible. La misión principal de la unidad de marines desplegada en Morón –que se quiere incrementar- es “la ejecución de operaciones de respuesta ante crisis, contingencias de ámbito limitado y operaciones logísticas para proteger a ciudadanos norteamericanos, instalaciones y otro personal que se designe en regiones del norte y oeste de África”, según informó el Gobierno español. Con ser amplias, esas no son las únicas tareas a las que pueden dedicarse. Depende de lo que, como dijo Kissinger le interesa a los norteamericanos en cada momento. En cuanto a Rota, el ínclito Zapatero ya les había dado todas las facilidades para la ampliación de su despliegue naval. Despliegue a la carta, sin la menor discusión.

A los americanos ahora la cosa les corre prisa. Madrid ni Washington quieren dejar el asunto para el Parlamento salido de las próximas elecciones, en el que quizá no haya una mayoría tan clara para aprobarlo. Y el Gobierno no oculta su propósito de pactar la reforma con el PSOE, que gobierna además la comunidad andaluza, donde están las bases de Rota y Morón. Pero la decisión de los norteamericanos exige modificar el convenio de Defensa. Pero no va a ver problema con el PSOE en este sentido.

Con respecto a la soberanía y a la sombra de los Estados Unidos sobre nuestra política de defensa, quiero recordar dos cosas: Angel Viñas, catedrático de Estructura Económica, en su libro “Los pactos secretos de Franco con Estados Unidos”, reveló el modo en que Franco subordinó 1953 la legislación española a los intereses norteamericanos. Dice Viñas que el convenio defensivo España-Estados Unidos implicaba la autorización para que en nuestro país se ubicaran fuerzas de Estados Unidos y personal militar y civil de tal nacionalidad al servicio de las mismas. Las fuerzas armadas, uno de los más claros exponentes de la soberanía de un Estado. Fue una contradictoria concesión vergonzante.

Si el franquismo había hecho dejación de algunos atributos de la soberanía en relación con las modalidades de utilización de las bases, el retroceso no sería menos profundo en el ámbito jurisdiccional. Dice Viñas que lo que no supieron los españoles es que, “a la zaga de los convenios de 1953, el régimen aceptó un estatuto jurisdiccional para los norteamericanos que constituía ni más ni menos que una derogación del sistema jurídico español, elaborado naturalmente al margen del normal proceso legiferante de España. Por añadidura, tal derogación fue secreta, pues secreto fue su fundamento”. Es decir, que podía ocurrir -y ocurrió- que un ciudadano español que tuviese problemas jurídicos con estadounidenses no sólo se viera desamparado por la ley, sino que además ignoraría el motivo, dado que el texto de los acuerdos en materia jurisdiccional fue, aparte de anómalo, secreto. Si un norteamericano cometía –como cometieron- un delito en España quedaba amparado por su fuero personal y no podía ser detenido ni procesado por las autoridades españolas.

Y así se mantuvo la situación hasta 1970, aunque dudo de que todo o parte de aquellas cesiones vergonzantes no estén de algún modo o espíritu vigentes. Aznar, en este sentido, fue muy tolerante en la etapa Bush. En materia civil, el silencio de los convenios fue casi absoluto; no obstante, se estableció en el acuerdo técnico secreto y en el de procedimiento número 16 una cláusula de inmunidad de jurisdicción a cuyo tenor los “miembros de las fuerzas de Estados Unidos no estarán sujetos a la jurisdicción civil de los tribunales o autoridades españoles por actos u omisiones originados por el cumplimiento de sus deberes oficiales”.

El segundo y tan grave aspecto de nuestras relaciones con los Estados Unidos es que, cuando el ejército marroquí, disfrazado de “Bandas rebeldes” nos atacó en Ifni, España no pudo usar el armamento entregado por los Estados Unidos en defensa de nuestros intereses, porque los famosos acuerdos prohibían el uso de esas armas y dotaciones contra países aliados o amigos de los norteamericanos, como era y es Marruecos.

Visto el pasado, yo no me fiaría mucho, llegado el caso.