Aunque
este asunto no trasciende más allá del ámbito de los directamente interesados,
es cierto que en estos momentos, por lo que se refiere al concepto de
“Protocolo”, a su traslado al ejercicio profesional y a la formación precisa
para el mismo, se pueden definir dos corrientes de pensamiento o puntos de
vista. Primero, quienes desde la Universidad Pública creemos que se puede
construir una ciencia dentro del espacio de la Comunicación, en la medida que
consideremos que el Protocolo puede nutrirse, a la hora de elaborar una
doctrina científica, del Derecho, la Sociología, la Historia y el resto de las
Ciencias de la Comunicación. Y seguir sus métodos de investigación.
Y
en este mismo sentido, entendemos que la formación para ser considerado un
profesional puede alcanzarse por muchos caminos. Desde la posesión de otra
carrera –particularmente mejor si es del área de las Ciencias Sociales y
Jurídicas- y formación complementaria específica posterior, a cursos de
postgrado y no sólo a través un grado o carrera determinada y exclusiva (y
menos si se hace de modo acelerado e incomprensiblemente tolerado, de modo que
en unos meses uno alcance el mismo resultado que otro tras cursar varios años,
como estamos viendo y no parecen darse cuenta que eso no ayuda a prestigiar esos
estudios, cosa que no sucede con ningún otro y menos en una Universidad pública).
Hoy en día, tanto en Periodismo como en Relaciones Públicas, los profesionales
alcanzan esa condición a través de varias vías. Como es lógico.Coincido con la Doctora Dolores del Mar Sánchez, directora del único Máster Oficial en Protocolo, ya aprobado en una Universidad Pública, con larga experiencia docente en todo tipo de cursos, jornadas y congresos reglados, en que un profesional del Protocolo no es un “BBC” (Bodas, Bautizos y Comuniones). Es decir, que una cosa es el Protocolo y otra la organización de eventos como puede ser la Gala de los Goya, la entrega de la Parrocha jaspeada; La almeja de Plata o un Concierto del “Cigala”. Todos ellos eventos. O como dice Rafael Vidal, presidente de la Asociación de Técnicos de Protocolo de Galicia, que “un evento no es una ceremonia”.
Dentro
de la misma Universidad Pública, hay quien reduce el Protocolo a una mera
técnica auxiliar dentro de las Ciencias de la Comunicación y duda que pueda
desarrollarse “per se” una teoría científica sobre el mismo. No comparto este
punto de vista.
Y
por otro lado, está la teoría de que el Protocolo debe reinventarse y unirse al
concepto de “Organización de Eventos” y sobre el mismo se desarrolla el
concepto de una nueva carrera y una refundación del concepto profesional, con
la aquiescencia de al menos una parte de las organizaciones actuales, liderada
por algunos de sus dirigentes (pero no con la unanimidad de sus bases). En
consecuencia se ha desarrollado toda una teoría habilitante, que pasa por
ofrecer a quienes con cualquier bagaje de salida, puedan adquirir ese grado
(que otros han de cursar de manera reglada). Y esto ya ha producido la primera
disfunción, expresada en la chirigota nacional con que fue comentada la
“formación universitaria” (real) que presentó en su curriculum el candidato del
PP a la presidencia de la Junta de Andalucía. Por cierto que se anunció una
declaración en defensa de la “profesión” (que este caballero nunca ha ejercido)
para atajar los comentarios de la prensa, cosa que todavía estamos esperando.
Y
dejemos aparte la incongruencia que las salidas profesionales del grado de
Protocolo coinciden con las de Periodismo o Relaciones Públicas en no pocos
casos, porque parece que no haya bastantes con las específicas.
Otro
punto interesante es el agrupamiento profesional. Que las diversas asociaciones
de profesionales de Protocolo de España se federen en una institución es buena
idea. Lo del Colegio profesional es más discutible por dos razones: Porque un
colegio o una asociación, en el caso de las profesiones, como ésta, sin reserva
de título para su ejercicio, son en la práctica lo mismo. En segundo lugar, la
regulación de los colegios está transferida a las comunidades autónomas, por lo
que esa es la vía para su constitución, pero en todo caso habría que ir a una
federación de colegios que viene a ser lo mismo que una federación de
asociaciones. La diferencia es puramente jurídico formal, pero sin más
consecuencias.Hay que ser realista: los colegios profesionales van a ser cada vez menos y no determinarán el acceso al ejercicio profesional, salvo en contadas profesiones, pero ninguna en el espacio de la Comunicación. Ese carné profesional que se desea, y que está muy bien desearlo, será un hermoso documento para llevar en la cartera o el bolso, pero pretender que sea indispensable para el ejercicio de la profesión o el acceso a una plaza pública es una ilusión bastante ingenua. Ahora, si lo de Colegio y no Asociación suena mejor, adelante.
En
todo caso, es muy respetable que cada quien formule sus propias teorías y tiene
todo el derecho a proponer reinventar lo ya inventado o colocar sus propias
franquicias. Yo me temo que se pueden generar frustraciones innecesarias,
porque la realidad parece caminar en otro sentido. El tiempo lo dirá.
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